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Durante años, hablar del clima dentro de una operación logística parecía limitarse a revisar si una tormenta podía retrasar un vuelo o cerrar temporalmente un puerto. Hoy el panorama es mucho más amplio.
Tifones en Asia, lluvias intensas, inundaciones, temperaturas extremas y periodos de sequía están demostrando que las condiciones meteorológicas pueden impactar diferentes puntos de una cadena de suministro al mismo tiempo.
La Organización Meteorológica Mundial reportó que julio y principios de agosto de 2026 estuvieron marcados por temperaturas extremas, sequías, incendios e inundaciones en distintas regiones. Además, sus previsiones apuntan al fortalecimiento de El Niño durante 2026, un fenómeno capaz de modificar patrones de lluvia y temperatura a escala global.
Para las empresas con operaciones internacionales, esto convierte al clima en una variable que vale la pena integrar cada vez más a la planeación logística.
Asia: cuando un tifón afecta mucho más que un puerto
El impacto reciente de los tifones en Asia ofrece un ejemplo claro.
El paso de fenómenos como Bavi y, posteriormente, Dolphin provocó medidas preventivas, suspensiones y afectaciones en zonas estratégicas de China y otros puntos de Asia. Durante Dolphin, algunas operaciones portuarias fueron suspendidas y cientos de vuelos se cancelaron, mientras que posteriormente comenzaron a registrarse acumulaciones de carga y retrasos conforme las terminales retomaban actividades.
El problema es que un cierre temporal no termina cuando mejora el clima.
Una terminal que deja de operar durante varias horas puede generar buques esperando posición, contenedores acumulados, cambios en ventanas de atraque, restricciones en transporte terrestre y modificaciones en conexiones posteriores.
Por eso, el efecto logístico puede extenderse varios días después del evento meteorológico.
Sequías: menos agua también puede significar menos capacidad
En otros puntos del mundo ocurre prácticamente lo contrario: el desafío no es el exceso de agua, sino su ausencia.
El Canal de Panamá es uno de los ejemplos más importantes. Ante el desarrollo esperado de El Niño, la Autoridad del Canal ha implementado medidas de conservación de agua y continúa monitoreando los niveles de sus lagos. Además, anunció ajustes al calado máximo permitido para buques Neopanamax a partir del 26 de agosto de 2026, con una reducción adicional prevista para septiembre.
¿Por qué importa esto para una empresa?
Porque restricciones de calado pueden significar menor capacidad de carga por buque, ajustes en itinerarios, mayor presión sobre espacios disponibles o decisiones distintas respecto a rutas y tiempos de tránsito.
Un fenómeno climático ocurrido en un punto específico puede terminar modificando operaciones a miles de kilómetros de distancia.
El clima también afecta la operación terrestre
Las consecuencias no terminan en los océanos.
Lluvias intensas e inundaciones pueden bloquear carreteras y accesos a terminales; temperaturas extremas pueden modificar horarios o productividad en determinadas instalaciones, mientras que incendios o tormentas severas pueden afectar aeropuertos, ferrocarriles, centros de distribución y plantas.
UNCTAD ha advertido que los eventos meteorológicos extremos representan un riesgo creciente para puertos, transporte y cadenas de suministro internacionales, especialmente por el nivel de interconexión actual del comercio mundial.
Esto hace que evaluar únicamente el trayecto principal de una mercancía sea insuficiente. También resulta importante observar conexiones, puertos alternativos, transporte terrestre y posibles puntos de respaldo.
De reaccionar al clima a incorporarlo en la planeación
No todos los fenómenos meteorológicos pueden predecirse con exactitud y tampoco todas las operaciones tendrán el mismo nivel de exposición.
Sin embargo, las empresas pueden trabajar con escenarios.
Revisar rutas alternativas, mantener comunicación con agentes y navieras, monitorear puertos de origen y destino, evaluar tiempos de tránsito con márgenes razonables y detectar embarques críticos antes de que ocurra una disrupción permite tener mayor capacidad de respuesta.
Para un freight forwarder, el valor ya no consiste únicamente en encontrar espacio y coordinar el transporte. También está en ayudar a conectar información de diferentes puntos de la cadena para anticipar dónde puede aparecer la siguiente fricción.
Conclusión: una nueva variable dentro de la cadena de suministro
Tifones, sequías, lluvias extremas o altas temperaturas siempre han existido. Lo que está cambiando es el nivel de exposición que tienen las cadenas de suministro globales y la velocidad con la que una afectación regional puede propagarse hacia otras operaciones.
El clima no necesariamente tiene que convertirse en una crisis logística.
Pero sí debe formar parte de la conversación.
En un entorno donde rutas, puertos y capacidades pueden cambiar rápidamente, contar con visibilidad, alternativas y comunicación constante puede marcar la diferencia entre simplemente reaccionar ante una interrupción o estar preparado para gestionarla.
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